Regla 3-30-300

   La regla 3-30-300 está basada en la importancia y contribución que tienen los árboles urbanos, la naturaleza y la silvicultura urbana en la salud y bienestar de la población en las ciudades. Fue presentada por Cecil Kininendijk, director del Instituto de Soluciones Basadas en La Naturaleza y Jefe de Educación (Maestría en Liderazgo Forestal Urbano) en la Universidad de Columbia Británica (Canadá). Su propuesta vino impulsada por lo actuales desafíos mundiales, como la desertificación, el cambio climático, la degradación ambiental, la pérdida de la biodiversidad o la pandemia de Covid-19. Consta de tres aspectos fundamentales: 

   El primer aspecto o regla determina que los habitantes de las ciudades tienen que ver desde cada casa al menos 3 árboles. El hecho de plantar árboles en las urbes, supone la incorporación de sumideros de carbono, puesto que cada ejemplar es capaz de absorber las partículas de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y producir oxígeno, favoreciendo a la purificación del aire y la mejora del paisaje. Una hectárea de árboles es capaz de producir oxígeno para cuarenta personas en una hora y un solo árbol puede llegar a almacenar seis toneladas de CO2.

   La segunda regla establece que cada vecindario debería tener una cobertura vegetal de al menos un 30%. En los últimos años, se está viendo en las grandes urbes como la temperatura aumenta varios grados por encima con respecto a los pueblos o el campo debido a las calles asfaltadas y las edificaciones, es por ello que la mayor presencia de follaje favorece el enfriamiento de las ciudades, mantienen más estable la humedad en el ambiente y mitigan el efecto invernadero.

   Y por último, la tercera regla dice que nadie debería vivir a más de 300 metros de un espacio verde o un parque. Estos espacios ayudan a que las personas tengan en las urbes puntos de encuentro en los que estrechar vínculos, pero principalmente repercuten de manera positiva a la salud de los habitantes ya que les genera motivación , mejoran el estado de ánimo, reducen su impacto visual y consiguen mejor calidad del aire.

   En definitiva, la regla 3-30-300 supone que toda persona que viva en la ciudad debería ver desde su casa un mínimo de 3 árboles, que cada barrio tenga una cobertura vegetal de un 30% y tener a una distancia menor de 300 metros un parque con unas dimensiones considerables.

Atendiendo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), debería haber espacios verdes de nueve metros cuadrados por habitante como mínimo y que este mida, por lo menos, media hectárea a una distancia en línea recta de menos de 300 metros de cada vivienda. Según el estudio realizado por el Instituto de Salud Global  de Barcelona (ISGlobal), el 62% de la población en Europa vive en urbes con menos espacios verdes de lo recomendado, pudiéndose evitar al año 43.000 muertes si se cumpliera  las indicaciones de la OMS del libre acceso a los espacios verdes.

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