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La leyenda de Garajonay

En los montes de la Isla de la Gomera existe una leyenda que es la que le da nombre al Parque Nacional de Garajonay. A continuación, se la contamos:

Muchos años antes de que los españoles llegaran por primera vez a las islas para conquistarlas, éstas eran habitadas por aborígenes (pobladores que llegaron del norte de África, y se asentaron aquí). Cada isla estaba dividida en pequeños reinos.

En la isla de la Gomera había un rey que tenía una joven hija, de nombre Gara. La joven estaba destinada, por deseos de su padre, con un joven, hijo de otro rey de la isla, para que esta unión les proporcionará poder a ambos reyes sobre el resto de los reinos de la isla.

Foto: Canariasdiario

Una tarde, Gara estaba paseando por la orilla del mar, y para su sorpresa, se tropezó con un muchacho tirado en el suelo, a simple vista parecía dormido. La belleza de este joven, de cabellos rubios, dejó embelesada a la muchacha, que se quedó a su lado mirando como dormía. 

Cuando el joven abrió los ojos quedó maravillado por la belleza de la joven Gara, y en ese momento se enamoraron perdidamente. Jonay, que así se llamaba el joven, era el príncipe de un reino del sur de la Isla de Tenerife, de Adeje. Los dos enamorados se veían a escondidas, por el destino de Gara era casarse con otro joven, el que había elegido su padre. Vivieron su amor durante un tiempo, hasta que el padre de la muchacha decidió que era hora de que contraerá nupcias.

Entonces, Gara corrió hacía la playa para contarle los planes de su padre a Jonay, y pensaron en huir a Tenerife, allí estarían seguros. Segundos más tarde, aparecieron unos guerreros junto al príncipe gomero, que sería el futuro esposo de Gara. Jonay luchó solo contra ellos, y los venció. De repente, vio que venían guerreros de todos lados y los 2 enamorados huyeron a las montañas.

Foto: National Geographic

Foto: Nacional Geographic.

En el roque más alto, se abrazaron y se lanzaron juntos por un precipicio. Prefirieron morir juntos a vivir separados sin el amor del otro. Desde ese momento, en honor a los dos jóvenes amantes, se bautizó al bosque con el nombre de los dos.

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