Teide, leyenda de Guayota

Vivir en unas islas volcánicas significa convivir con la posibilidad de erupciones y sus consecuencias. En Tenerife, el Teide domina el paisaje y la historia: una montaña sagrada, símbolo de poder, belleza y misterio. Desde tiempos antiguos, los pueblos que habitaron la isla intentaron comprender la fuerza de este gigante de fuego. Los guanches, primeros pobladores de Tenerife, explicaban las erupciones y los temblores a través de relatos míticos, donde los elementos naturales eran el reflejo de las fuerzas divinas. Entre todas esas historias, destaca una: la leyenda de Guayota, el espíritu maligno del volcán.

Guayota, el enemigo de la luz

Según el mito, Guayota vivía encerrado en el interior de Echeyde, el nombre guanche del Teide, considerado el infierno o mundo subterráneo. Allí, bajo la montaña, permanecía oculto entre la lava y las sombras. Un día, la naturaleza comenzó a comportarse de forma extraña: el mar rugía con fuerza, las aves huían en dirección al sol y la tierra temblaba bajo los pies de los guanches. Eran señales de que algo terrible estaba por ocurrir. Guayota escapó del volcán y secuestró a Magec, el dios del sol y la luz, sumiendo a la isla en una oscuridad total.

Volcán en erupción. Leyenda de Guayota

Desesperados, los guanches invocaron a Achamán, el dios del cielo y creador del mundo. Achamán descendió para enfrentarse a Guayota en una batalla épica. Durante días, el cielo se tiñó de rojo y la tierra se cubrió de cenizas. Finalmente, Achamán logró liberar a Magec y devolver la luz al mundo.

Para evitar que Guayota escapara de nuevo, lo encerró bajo el Teide y selló su cima con una tapa de piedra: el Pan de Azúcar, que todavía hoy corona la montaña más alta de España.

Hoguera. Leyenda de Guayota.

Hogueras contra la oscuridad

Desde entonces, cuando el volcán temblaba o escupía humo, los antiguos habitantes de la isla encendían hogueras en las montañas y en los poblados. Creían que así espantaban a Guayota y mantenían el equilibrio entre el fuego interior y la vida en la superficie.

Esta tradición de las hogueras ha llegado, transformada, hasta la actualidad. En muchas fiestas canarias, el fuego sigue siendo símbolo de renovación, protección y purificación, recordando el poder del volcán y el mito que lo acompaña.

El despertar del Teide

Hoy, más de dos mil años después, la ciencia nos ofrece una explicación diferente. El Teide es un volcán activo, aunque está dormido. Su última erupción ocurrió en 1798, pero los científicos del Instituto Geográfico Nacional y del INVOLCAN observan constantemente su actividad.

En los últimos años se han registrado enjambres sísmicos, ligeros aumentos de temperatura en el subsuelo y emisiones de gases en ciertas zonas del Parque Nacional. Los expertos aseguran que no hay peligro inminente, pero recuerdan que el Teide es un volcán vivo, que respira lentamente bajo la superficie.

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