Cada 16 de agosto, el municipio de Garachico, en la isla de Tenerife, se transforma en un escenario de devoción, música y color para rendir homenaje a San Roque. La Romería en su honor es mucho más que una fiesta popular: es un legado histórico que ha sobrevivido a los siglos y que conecta el presente con un episodio crucial del pasado.
Origen de la romería
Sus orígenes se remontan al siglo XVII, cuando una grave epidemia de peste azotó la isla. En medio de la desesperación, los habitantes de Garachico encomendaron sus plegarias a San Roque, patrono de los enfermos y protector frente a las epidemias. Tras la desaparición de la peste, considerada por los vecinos como un milagro, se decidió erigir una ermita dedicada al santo y, desde entonces, agradecer cada año su intercesión con una romería que ha perdurado hasta nuestros días.
Romería por tierra y mar
Esta celebración destaca por su carácter singular, ya que combina un recorrido por tierra y otro por mar, uniendo así la devoción religiosa con la tradición marinera de la localidad. En la primera parte, la imagen de San Roque es llevada en procesión hasta la parroquia de Santa Ana. Durante el trayecto, los fieles lanzan pétalos de flores, entonan vítores de “¡Viva San Roquito!” y realizan los característicos ajijides.
Los ajijides
Los ajijides, también conocidos como ejidos, son un tipo de grito festivo que consiste en repetir sonidos como “ji” o similares, a menudo para marcar el compás de cantos y bailes. Esta expresión oral, genuinamente canaria, tiene profundas raíces históricas: algunos investigadores creen que podría remontarse a los primeros pobladores del archipiélago, con influencias de culturas como la bereber o la árabe. Hoy en día, su uso ha disminuido notablemente, manteniéndose de forma viva únicamente en las islas de El Hierro y Tenerife, lo que otorga un valor especial a esta romería como espacio de conservación de esta tradición.
Al llegar a la segunda parte de la celebración, la romería se traslada al mar. Las aguas del puerto se llenan de embarcaciones engalanadas con banderas, flores y guirnaldas que escoltan la imagen del santo en un ambiente festivo y emotivo. Los marineros, vecinos y visitantes acompañan al patrón en su travesía, que culmina en la ermita de San Roque. Allí, la imagen entra de espaldas al templo, en un gesto cargado de simbolismo que marca el final del recorrido.
En ese instante, los ajijides vuelven a resonar, pero ahora con un tono más suave y melancólico, como si las voces quisieran prolongar la magia del día antes de que la calma vuelva a la villa. Entre música, baile, aroma a comida tradicional y la brisa marina, la Romería de San Roque sigue siendo un puente entre la fe, la historia y la identidad cultural de Garachico.



