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El agua en Canarias

El agua en Canarias

Históricamente, la población de Canarias siempre ha sufrido problemas de escasez del agua con frecuencia, así como ausencia de lluvias, debido a la sobreexplotación de este recurso.

No obstante, se ha conseguido salir adelante a través de ingeniosas formas de conseguir el agua de la lluvia y del interior de la tierra.

La arquitectura del agua en nuestras islas se enmarca dentro de la cultura tradicional porque se ha realizado en un contexto de precariedad de medios.

Para captar el agua de la naturaleza, la sociedad canaria se las ha ido ingeniando, a lo largo de la Historia, con las más variadas estrategias, arquitecturas e ingenierías adaptadas a cada situación y lugar, debido a la variedad paisajística y natural de cada isla y cada comarca.

 

 

LOS RECURSOS HÍDRICOS DE CANARIAS

Contexto histórico

Preconquista

Los primeros colonizadores de Canarias, probablemente púnicos establecidos, en Rubicón, Lanzarote, unos siglos a. de C., en actividades pesqueras, perforaron los primeros pozos-aljibe que aún subsisten y muchos años antes de establecerse la sociedad indígena canaria.

Los primeros canarios se las ingeniaron a través de piletas en riscos, eres o pocetas en barrancos, acequias y albercas para captar y distribuir incluso el agua en sus necesidades.

Luego, los conquistadores, en las islas realengas (Gran Canaria, Tenerife y la Palma), se repartieron las tierras y aguas, primero militares y financieros de la guerra y luego entre nuevos colonos. Desde los primeros momentos de la Conquista el agua procedente de las cumbres quedó vinculada a las tierras bajas, las productoras de la primera riqueza insular: el azúcar.

Su aprovechamiento y gestión generó un régimen especial de propiedad privada, en entidades conocidas como heredamientos o heredades, cuyos mayores partícipes era la clase poderosa. Para captarla y regularla mejor se trajeron de Madeira, a profesionales los “maestres de sacar agua”, quienes realizaron las primeras obras hidráulicas tales como acequias, minas, canales, pozos

 

Post Conquista

El posterior desarrollo económico, basado en las exportaciones de azúcar, aumentó los requerimientos de recursos hidráulicos, no sólo para el regadío de los cañaverales sino también para el funcionamiento de los ingenios. En este contexto, surgió la figura de los Heredamientos o Heredades de Aguas como organismos aglutinadores de los «aguatenientes». Con ellos, y la separación de facto entre la propiedad de la tierra y del recurso hídrico, se dio comienzo a un mercado del agua en el que estas instituciones desempeñaron una función preponderante como oferentes oligopolistas. Pero su trascendencia iba a traspasar el umbral de lo puramente económico, pues la mayoría de ellas se convirtieron en un pilar fundamental del poder de la oligarquía isleña, al ser los grandes terratenientes los principales partícipes de los mismos.

La crisis de los cañaverales a finales del siglo XVI y su sustitución por el viñedo, que presentaba menores necesidades de agua, redujeron la presión sobre las disponibilidades de este factor de producción.

Siglos XVII – XX

La historia continuó a lo largo de los siglos siguientes. Y se fueron generando nuevas infraestructuras hidráulica, cuya tecnología fue traspasada al Nuevo Mundo (siglos XVII-XVIII). Cuando se necesitó mucha más agua y los acuíferos comenzaron a sentir los efectos de su sobreexplotación, entre finales del siglo XIX y mediados del XX, al introducirse los cultivos de exportación (plataneras y tomateros), se recurrió a nuevas obras e ingenios hidráulicos (pozos, galerías, presas, canales…), los que tuvieron un gran desarrollo y agotaron los afloramientos de agua.
Agotados los acuíferos, a finales del siglo XX, se dictan nuevas leyes, el agua pasa a ser bien público y se presentan alternativas nuevas de generación del agua como lo es la desalación. A la vez, esta larga evolución histórica ha ido generado en cada isla una arraiga y singular cultura del agua incluso en el plano inmaterial.

 

El agua en La Orotava

Las heredades o heredamientos de aguas nacieron en los repartimientos de aguas y tierras realizados tras la Conquista. El agua que nacía desde las cumbres quedó vinculada a las tierras bajas. Los caudales, una vez abastecida las necesidades de la población, se encauzaron hacia las plantaciones de cañadulce con sus ingenios, poblamientos cercanos y molinos de agua, así como hacia los sembrados de granos, hortalizas y frutales. La tierra y el agua iban juntas cuando su propiedad comenzó a ser traspasada de padres a hijos o de propietario a propietario por compra-venta. Cada trozo de tierra tenía su proporción de agua de una acequia. Y es que las aguas de cada barranco o cuenca hidrográfica se canalizaba a través de la acequia principal de cada heredamiento y las ramificaciones secundarias.

Pero según avanzaban los primeros siglos de la Colonización, las ordenanzas municipales de las tres islas realengas que regulaban dichos heredamientos o heredades, se adaptaron a una progresiva privatización del agua. Las proporciones de agua de los heredamientos quedaron como mercancía libre porque la propiedad del agua se fue transmitiendo (por ventas, herencias, donaciones…) separadamente de la tierra a la que en un principio estuvo vinculada. E incluso se conformó una especie de justicia privativa del agua amparada en las ordenanzas municipales que recogían la figura de un alcalde de aguas, en cada heredamiento principal, para dirimir los muchos conflictos que se generaban.

Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con la nueva legislación estatal del agua, las antiguas heredades se transformaron en comunidades de regantes. Y se crearon otras nuevas comunidades, pues la demanda de agua para los nuevos cultivos (cañadulce, plátanos y tomates) determinó la búsqueda de nuevos recursos hídricos con capitales privados en la perforación de pozos y galerías o con la construcción de presas.

Entre las heredades destacamos por su historia la más antigua, la de Las Palmas, Dragonal, Bucio y Briviesca que agrupaba seis heredamientos (Vegueta, Triana, Fuente de los Morales, Dragonal, Bucio y Briviesca), desde los primeros años de la colonización con la primera gran obra hidráulica de trasvase en Canarias, la Mina de Tejeda; al heredamiento del valle de La Orotava, en Tenerife que gestionaba el gran Río de Taoro; la Heredad de la Vega Mayor de Telde, que disfrutaba las aguas que nacían desde Valsequillo, la Heredad de Arucas-Firgas (ambas un paradigma de la historia del agua y sus ingenierías), además de otras también con mucha tradición e historia y un interesante patrimonio hidráulico de acequias, albercones, cantoneras… así como de un valioso patrimonio documental.

 

Los pozos

Tras la Conquista, los pozos empezaron a perforarse en Canarias (entre finales del siglo XV y principios del XVI) cerca de las poblaciones principales de cada isla, donde el agua corriente escaseaba. Pero eran de poca profundidad (de 6 a 12 metros), con diámetros de 1 ó 2 metros. Una vez que la perforación alcanzaba el firme (roca compacta o tosca), eran forrados con cabeza, ripios o adobes por mamposteros especializados en esta labor. Esta técnica se mantuvo hasta tiempos recientes y los pozos que aún se conservan así constituyen las unidades de mayor valor patrimonial.
Los primeros pozos fueron para uso doméstico. Bastaba para extraer el agua un simple torno o roldana en su caso. Luego se intensificó más la captación de las aguas subterráneas para el mismo uso doméstico, con abrevaderos para el ganado y el riego de huertas, para lo que se instalaron las primeras norias, que datan de principios del siglo XVI, con los modelos que por entonces se daban en el sur de la Península Ibérica y todo el norte de África: las dos ruedas engranadas de madera y los cangilones de barro o de cobre asidos con sogas.

La red de Molinos de Agua de La Orotava, declarados como Bien de Interés Cultural, se encuentra emplazada en la localidad de La Orotava, en el norte de la isla de Tenerife.

 

 

 

Bibliografía:

Suárez Moreno, F. (2009). El agua en Canarias. Historia, estrategias y procedimientos didácticos. Bienmesabe. org.-Infonortedigital-Artevirgo. org. DP GC1, 56. 

Carnero Lorenzo, F., & YÁNEZ, J. N. (2001, September). Empresa capitalista y agua en Canarias, 1896-1936. Una primera aproximación. In VII Congreso de la Asociación de Historia Económica. Ponencias y comunicaciones.

https://www.visitarcanarias.com/molinos-de-agua-de-la-orotava

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