El calor y la hospitalidad de los habitantes del las Canarias queda al descubierto no solamente en el trato con el visitante del día a día sino también en sus efemérides festivas más conocidas Tenerife, como las demás islas, conserva y mima sus fiestas más populares y se enorgullece de un folclore muy rico y variado, que hunde sus raíces en los aspectos más genuinos y compartidos de su historia secular.

La Villa de La Orotava destaca, sin lugar a duda, por sus acontecimientos festivos, como las Fiestas del Corpus Cristi que duran cuatro días seguidos, en los cuales las calles del casco antiguo se cubren de flores y culminan el domingo con la Romería de San Isidro Labrador, cuando miles de «magos» en traje típico desfilan cantando y bailando, compartiendo risas y comida con todos los presentes.

La Romería es la representación simbólica de ofrendas de productos de la tierra a San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, patronos de la ciudad. El 31 de Enero de 1980 han sido declaradas «Fiestas de interés turístico nacional». En ocasión de estas fiestas es tradición, desde principio de siglo, que un artista local haga una alfombra compuesta por tres grandes rectángulos con dibujos inspirados en la Biblia, cubriendo la totalidad de los 900 metros cuadrados de la superficie de la plaza del Ayuntamiento.

El único material empleado es la tierra volcánica de las Cañadas del Teide con sus diferentes matices cromáticos, sin colorante alguno. Las primeras se hicieron en ocasión de la visita del Rey D. Alfonso XIII en 1906 y, desde entonces, la tradición ha continuado año tras año. La Casa de los Balcones, en su afán para conservar y popularizar aún más el patrimonio artístico y cultural de todos los canarios, ofrece constantemente en la Casa del Turista un ejemplo de este tipo de alfombra.

Y, como siempre ocurre en las islas Canarias, la participación de los habitantes es entusiasta y apasionada, así como se demuestra en la composición de las maravillosas alfombras de flores realizadas por los vecinos en las adoquinadas calles del casco antiguo, empleando plantas y flores recolectados en las casas y los jardines de la zona. La primera la hizo Doña Leonor del Castillo de Monteverde en 1847 frente a su casa, en la calle del Colegio.