La Casa de los Balcones

La obligada parada en la Villa de la Orotava, situada en uno de los más fértiles valles del mundo, eje comercial y cultural del norte de Tenerife, resulta inevitable visitar el entorno de “LA CASA DE LOS BALCONES“, uno de los rincones más comentados y transitados de cuantos llegan a la Isla.

Estratégico y oportuno lugar para encontrarse con las manos artesanas del pueblo canario, donde por fortuna cultura, raíces como endemismos de sus artesanales tradiciones, ni duermen ni han muerto, ante la arrolladora modernidad e imparable competitividad de las máquinas. Todo gracias al buen hacer de los responsables de “LA CASA DE LOS BALCONES” junto a los cada vez más escasos maestros artesanos; quienes continúan fielmente elaborando muchas tareas originarias de nuestros ancestros: “piezas y objetos únicos” que siguen formando parte de lo nuestro y acercándonos a la ya tan lejana e ilustre historia de la artesanía en las islas Canarias.

Esta puntual cita con el fabuloso mundo de la artesanía, comenzará con un agradable paseo por las estrechas y adoquinadas calles de la Villa de la Orotava (de las poblaciones más antiguas de la Isla), desvelará la rancia nobleza de muchas de sus señoriales casas, elegantes fachadas dentro de armoniosos y variados estilos arquitectónicos: neo-gótico, neo-barroco, neo-mudéjar, neo-clásico con un cuidado y nada chocante modernismo.

De manera sobresaliente, en la calle San Francisco dentro de un conjunto de antiguas y contiguas edificaciones sobresale “LA CASA DE LOS BALCONES“, su impactante presencia arquitectónica junto a los inmejorables tallados de sus maderas, conforman una auténtica sinfonía de artísticas y variadas formas. Como la majestuosa fachada de tres plantas y en la última de ellas su elemento arquitectónico más representativo: un soberbio y singular balcón canario.

Data del siglo XVII, concluyéndose su construcción en el año 1632, destaca y sobresale de los materiales empleados la tremenda presencia de la madera, tea de pino canario, difícil de tallar pero utilizada en todas partes: vigas, puntales, tirantes, cabrios, techos, frontales, traviesas, etc., Su resistencia y belleza se mantienen con el paso del tiempo, jamás ha sido pintada ni tratada, observamos la huella de los siglos en algún punto de los exteriores de la casa, pero sin dejar de mostrar el espectacular esculpido de sus maderas. El conjunto es un auténtico monumento a los maestros carpinteros de todas las épocas.

En su interior la tea de pino canario muestra todo su exuberante esplendor y fortaleza, aún hoy continua destilando resina. Los fantásticos y artísticos tallados de los techos de cada uno de salones, con estos perfectamente ambientados y amueblados por las anteriores generaciones, son un deleite para el visitante y un paseo por el túnel del tiempo. Los cientos de años han respetado su original estado y continuar permitiéndonos seguir admirando una de las más sobresalientes joyas de la arquitectura canaria.

Las paredes en piedra y barro con más de un metro de espesor, hacen una distribución de no muchas habitaciones, pero sí, de espaciosos y confortables salones que reciben directamente la luz solar, a través de su enorme balcón y ventanales exteriores como del auténtico patio canario de su interior.

El patio destaca por su exuberante vegetación y en especial su gigantesca galería abalconada situada en las dos últimas plantas de la casa, desde donde esta súper voluminosa y entallada estructura de madera, lentamente se va descolgando, hasta descansar sobre un conjunto de altos, robustos y pulidos troncos que hacen la función de auténticos pilares o columnas. Cada uno coronado por un labrado capitel corintio, sus ábacos como los más insignificantes detalles del estilo están espléndidamente recogidos; siempre una constante en el resto de las maderas que forman parte del edificio.

En este patio resulta muy fácil refugiarse para encontrar todo el sosiego necesario y su agradable sombra en los días más calurosos, como el reparador descanso tras un ajetreado día de excursión. Es sin duda uno de los rincones más admirados y fotografiados, tanto por la estructura arquitectónica manifestada en las maderas de tea de pino canario, como por su vegetación y un sin fin más de detalles. Es el caso de un auténtico lagar canario situado al fondo del patio, que hasta hace bien poco prensaba preciados caldos o vinos típicos de la comarca, hoy muy solicitados por expertos en el buen comer y mejor beber.

La artesanía popular canaria tiene en este incomparable marco: El “santuario” de sus raíces.- donde se exhiben sus más puros y fieles testimonios. Ya repuesto y convencido de cuanto hasta ahora ha visto, comenzará su visita transitando por las salas destinadas a los diferentes estilos de los calados, admirando colecciones y pieza antiquísimas como únicas de extraordinario valor. Le permitirá conocer e incluso adquirir piezas inimitables de la artesanía de las siete Islas Canarias, los manteles bordados y calados a mano son la especialidad de “La Casa de los Balcones”, sin olvidarnos de las cerámicas (legado guanche), la cestería, los abanicos, etc..

En los talleres observará las diestras manos de las artesanas, deshilando, cortando y calando. Partiendo de patrones y estilos tradicionales que han pasado de madres a hijas generación tras generación. Piezas y prácticamente de todos los rincones de las islas están a su entera disposición, como las rosetas de Vilaflor (encajes de Tenerife), bordados de La Palma y los recomendados calados de la Orotava de varios siglos de tradición.

El laborioso mundo del calado resulta muy interesante, conocer y saber de sus técnicas y estilos como de sus múltiples detalles en la confección de los calados no será cuestión de aprenderlo en un sólo día, pero si le ha de permitir reconocer: el trabajo artesanal del producido industrialmente. Distinguirá las características y formas de diferenciarlos y seguramente también aprenderá alguno de los nombres utilizados en la confección de las piezas. Valga como ejemplo mencionar algunos de estos: la roseta de esquina o soles del calado de randa, calado de galleta y cruz, calado de malla, calado fino (piezas antiguas), calado flor de azúcar, calado de Madrigal, calado de caracol y rosetas… y otros muchos más. Ahora, le será muy fácil elogiar y testimoniar su admiración por la artesanía isleña, única en el mundo.