Molinos de la Casa Lercaro

 

Molino de Agua

La existencia de nacientes de agua junto a la fertilidad de sus tierras atrajo desde los primeros momentos a familias notables que establecieron aquí su residencia tras los repartimientos de tierra que sucedieron a la conquista castellana.

De forma casi inmediata, se procedió a construir acequias y canales que transportasen el agua desde las zonas altas como Aguamansa hasta los núcleos poblacionales. Un canal atravesaba el pueblo de La Orotava de sur a norte, llevando el agua hasta estanques para su uso. Asociados a este canal se edificaron hasta 13 molinos, de los que se conservan actualmente 10, continuando 3 en activo gracias a la electricidad.

 

 

Estos primeros molinos, así como los canales, estaban hechos de madera. Sin embargo, los problemas derivados como la podredumbre o incendios, hizo que con el tiempo se fueran reformando mediante la incorporación de nuevos materiales como la piedra y el barro. Eran propiedad de miembros de la élite local, quienes los arrendaban para su explotación por un canon abonado en trigo. El estado de conservación de los molinos y de parte del acueducto, junto a su enorme representatividad le han valido su declaración de Bien de Interés Cultural. En la actualidad, constituyen un elemento de enorme valor patrimonial, reflejo de los usos y tradiciones rurales del Valle de La Orotava.

Molino de Harina

Los primeros molinos de pan con el tiempo dieron paso a los molinos de harina. En sus orígenes estaban hechos de madera de tea. Sin embargo, comienzan a reformarse a partir de finales del siglo XVIII a partir de la incorporación de nuevos materiales. Surgen entonces cubos fabricados con argamasa y canales de piedra y barro. Estos molinos estaban destinados a la molienda de cereales, gracias a la que se obtenía un alimento básico en la dieta de los isleños, el gofio. Su funcionamiento se debía a la fuerza motriz del agua, que llegaba desde la acequia que atravesaba el pueblo. La caída de agua sobre el vaso y su posterior salida por un orificio denominado bocín, ejercía la presión necesaria para lograr que una rueda girara sobre otra que estuviera fija y así conseguir moler el grano.

 

 

Entre los elementos principales para su funcionamiento destacan la rueda o “rodezno” y las cucharas. Esta rueda de madera estaba dispuesta en posición horizontal, reforzada con aros de hierro y con cucharas atornilladas a su circunferencia. En el centro, con cuatro ejes formando una cruz, se situaba un eje central que impulsaba la rueda.

 

 

El interior del molino ha sido restaurado y permite ver una imagen de cómo era en el pasado, con reconstrucción de sus dos maquinarias en las que sobresalen las piedras molineras. Sus orígenes se sitúan en los momentos iniciales de la historia de la casa, apareciendo mencionado en el testamento de Catalina Grimaldi, primera propietaria de la vivienda.

 

 

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